Batalla
el nombre de la batalla
...........(nunca ha importado).
Ahora sólo estoy seguro
de que te llevo en los pulmones
como último aliento,
como una carcajada incómoda.
Presentación de la antología
Fragmentos de Desandar lo andado (Jorge Reichmann)
En mí no hay espacio para la sabiduría.
No hay tal espacio. Pero un animal azul y antiguo me lame suavísimo el dorso de los ojos, como si se tratase de dos planetas enfermos.
No hay tal espacio. En esta mesa abarrotada no puede posarse ni una mosca: mucho menos un despertar sigiloso. Me encoleriza tanto angélico balido de la razón pura, pero no tuerzo el gesto.
Le enviaré la mosca a Carlos Edmundo de Ory, y cuando le entre en la boca los dos nos reiremos.
SOBRE POESÍA DIDÁCTICA
¿Que cómo lo he aprendido? Me lo enseñó el poema.
La disposición previa a que sobrevenga la palabra del poema es la del que va a aprender, nunca la del que sabe.
Poetas de sombrero
Un reciente estudio ha demostrado que el 78’6% de los escritores lleva sombrero. En particular, se cree que el 95’6% de los que se dedican al verso adornan (o esconden) sus enormes y palpitantes cerebros con bombines, boinas, gorros, etc. Los especialistas han llegado a la conclusión de que esto se debe, en gran medida, a que queda “intelectual y moderno”; otros, en cambio, opinan que esto ocurre porque sienten una gran atracción sexual por sus madres y/o primas lejanas. Lo preocupante se encuentra en el incremento de casi el 100% que ha tenido lugar en estos últimos 2 años. “Es bastante peligrosa esta tendencia. Algunos de estos poetas han tenido que someterse a una calicefaloctomia”, nos explica el doctor Vyacheslav Vishnevsky.
En cualquier caso, los vendedores de sombreros están haciendo su agosto en detrimento de los vendedores de bastones y ropa negra que nos dicen estar hasta el gorro. “Esto no ocurría desde el estreno de Brokeback Mountain” afirma José Montera, sombrerero desde los 15 años.
El gobierno, por su parte, ya ha habilitado centros de ayuda al poeta en varios puntos de la península para que dejen de usarlos progresivamente. Una empleada de estos centros nos dice: “Desde el enorme gorro mexicano, pasando por la minúscula kipá judía, lograremos que el paciente reciba los rayos crepusculares, que tanto ama, sobre su ilustre coronilla”, y añade: “Quiero que todo el mundo sepa que es posible salir de esto. He conocido a pacientes que con un gran esfuerzo han conseguido superarlo y llevar una vida normal, y que incluso han dejado de escribir poesía. No he tenido otro remedio que quitarme el sombrero ante ellos.”.
Para todo aquel que esté interesado en recibir este tipo de ayuda, dispone del siguiente número: 91 701 70 00.
¡Viva la escala pentatónica!
Moderneces (o modernidades)
(como un puñal que se desliza
lento por el cráneo).
Será por eso
que mis vocales
han dejado
de bailar
a sobresaltos.
Recital poético
Estáis todos invitados a venir.
(Si no escribo en el blog, perdonadme)


